Un Cuento que no tiene título
Desde aquí se parecen todos. En todos los tiempos. ¡Son tantos! Me parecen largas columnas de hombres desnudos, con las palmas juntas, los brazos pegados al cuerpo, los pasos cortos. No los juzgo, no me quiero amargar. No me miran porque tienen la idea de que la ceremonia lo exige. Yo quiero conversar con ellos mano a mano. Pero primero, que aprendan a conversar consigo mismo.
Ahí están, esperando llegar al final. A veces me parece que nada de esto sirve para algo. Pero vuelvo siempre. Es casi vocacional. Yo también tengo mis fantasmas. También me canso. Los veo tomar la hostia y volver a sus asientos, y siento con ellos como cae la paz, como si fuera nieve. Por eso vuelvo.



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