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Los inventarios son los bienes que un ente dispone para su producción. Un oxímoron es una figura literaria donde dos conceptos contradictorios crean una idea distinta. "mis libros están llenos de vacíos" Augusto Monterroso "lo fugitivo permanece y dura" Francisco de Quevedo "es hielo abrasador, es fuego helado, es herida que duele y no se siente..." Francisco de Quevedo "El fusilado que vive" Operación Masacre, Rodolfo Walsh Pongamos a trabajar contradicciones

domingo, 17 de diciembre de 2006

Virgilio (otro cuento de hace dos años)

VIRGILIO I

Virgilio le explicaba la noción del amor que aprendió con lecturas, experiencias, aventuras, ilusiones, apuntes, desengaños y todo lo demás. No creo que sea necesario explicarle cómo y de qué hablaba, querido lector. Ana Pitias le contaba lo necesaria que eran algunas maniobras, semejantes a las luces detrás de las brumas, cuyo rótulo llamaba “romanticismo”.

Pitias le aconsejaba con palabras de debates, por eso Virgilio entendió su discurso como una retórica a favor de ciertas fórmulas cuyo fin era acercar un amante a su candidato envuelto en las dudas. Ella entendía que existía la clase de los conquistadores, personas con el espíritu dispuesto para atravesar vientos y mareas en una barca y que ese esfuerzo era capaz de hacer notar el interés del amante a favor del dragoncito. “¿Quién será ese que desafía al propio Eolo, Dios de los vientos, sólo por llegar a mi ventana?”. Virgilio creía que con barca o a pié descalzo, ya estaba todo dispuesto para el amor.

Ana le preguntó entonces a Virgilio si le gustaba la conquista, la declaración amorosa. Miró al paraíso y vio a Beatriz de la mano de Dante. Él pudo hablar únicamente sobre las señales y las esperas, pues si entendía que existían, desplegaría su arsenal en pos de la victoria, cuya espera traía invariablemente el comienzo de otra historia. Sino, nos abstendremos de poemas, de comentarios a los amigos y desde ya, de aburrir a Beatriz.

Pitias le retrucó. “¿Y qué hacemos con las indiferentes?”, exclamó a los gritos, con el índice al cielo. Creer que uno puede sacar a las indiferentes del lugar es juzgar que el mundo se mueve con las acciones naturales o humanas. Y que las mismas van desencadenando sucesos que tienen como fin el logro o no de nuestros objetivos. Un bombón comienza una carrera que culmina con un amor. Virgilio entiende que este razonamiento es pasar por alto el sentido trágico de la vida. No existe ni un orden ni un plan en el mundo, hay cosas más grandes que nuestras acciones y la palabra sinónima para indiferencia es rechazo. Miró otra vez al paraíso, a Beatriz, y no dijo nada.

Junto con Ana, habían dos pitonisas más. Una observaba con los ojos atentos, pues creía haber encontrado el amor. Pero Virgilio sabía que a veces su capacidad para descubrir el futuro se llenaba de dudas. La miró y le dijo: tranquila, si un amor es una ilusión pero te produce la sensación de un amor verdadero, entonces es verdadero.

La otra se limaba las uñas. Virgilio sentía que ella ejercía a veces una superficialidad deliberada. Reclamó con palabras duras al poeta romano. “Al final, quien deduce el futuro con lenguaje lírico, ¿vos o yo? Tus palabras son producto de un pensamiento lógico y no creo que ni el futuro ni el romance ni el amor pasen por tus palabras, sos un crítico”.

Virgilio la miró. El arco de sus ojos se parecen a los de Beatriz. Pues en definitiva, el siempre busca los ojos de Beatriz en otros ojos. Ana Pitias reflexionó acerca del romance como instrumento y entendió que si Virgilio renunciaba a ese poder, cuando una mujer indiferente se le acercaba, él no actuaba en forma espontánea. Que ante una persona no era él, sino una sombra.

Una sombra, dijo Virgilio. En este mundo donde la percepción lo es todo, construimos sombras en los ojos ajenos que al final, son más importantes que uno, pues reaccionamos amén las gracias vistas por los ojos de los demás. Vivimos en tercera persona y la diferencia entre lo que uno piensa y lo que uno armó para esa sombra, son palabras. Si me aman o rechazan a mí o a mi sombra, ¿cuál es la diferencia?

Sonó una campana. Las Pitonisas salieron al encuentro de otros hombres que esperaban revelaciones que descubrieran el futuro en forma exacta y que se van con premoniciones líricas. Nuestro historiador prefería lo segundo y sin insistir más, tomo su ruta para buscar pasados exactos y transformarlos en poesía.
Al final Virgilio siguió entendiendo lo mismo, el amor es un problema. Las mujeres no prefieren ni a los lindos ni a los feos, ni a los buenos ni a los malos, prefieren a los que ellas quieren preferir, sea cual sea el motivo de su elección, que en definitiva, no importa. Y no podemos hacer nada para cambiarlo. Si estamos atentos, a los mejor ligamos. Sino, buscaremos lo ojos de Beatriz en otros ojos. En eso estamos.

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