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Los inventarios son los bienes que un ente dispone para su producción. Un oxímoron es una figura literaria donde dos conceptos contradictorios crean una idea distinta. "mis libros están llenos de vacíos" Augusto Monterroso "lo fugitivo permanece y dura" Francisco de Quevedo "es hielo abrasador, es fuego helado, es herida que duele y no se siente..." Francisco de Quevedo "El fusilado que vive" Operación Masacre, Rodolfo Walsh Pongamos a trabajar contradicciones

jueves, 1 de marzo de 2007

No Importa en que Lugar se Escribe

Estábamos de vuelta en la playa. Beatriz tenía un olor intenso a bronceador mezclado con arena. Irresistible. No sé que más escribir. Recuerdo el aroma al calor del verano en su espalda y la verdad, no me quedan muchas ganas de escribir. Tengo ganas de volver con ella.

La conocí el invierno pasado. Pensar en Beatriz con campera es igual a pensar en una petisa en una bolsa de papas, pues, ahora que la veo y pienso en mi mano, con el olor a la mezcla de aceite con arena y pienso que ese aroma es un mimo a la libido que todo hombre debería probar. La campera verde, amplia en la cintura, con cuello alto y esos pantalones jeans anchos, le quedaban muy mal pero, así la conocí.

Igual, la campera no me importó, me gustaba que se pareciera a una promesa. Eso era Beatriz, una promesa, un par de señales vagas que me ilusionaban y me servían para justificar lo estúpido que me sentía cuando hablaba con ella. Cuando sonreía hasta los colmillos, iluminaba la habitación.

Se acercó el verano y salimos apenas unas veces. Fueron suficientes para darme cuenta, tiempo después, que soy un idiota. Mientras, la trataba con frialdad, porque aquella promesa se convirtió en novia, es decir, en reto. Pero nos apuramos, y ese reto se volvió conquista y los conquistadores quieren barcos y horizontes, no quieren deudas.

Pero ahí estaba yo. Alcé la cabeza como lo que soy y me imaginé una escena digna de una canción de los Pimpinela, con cachetazos y todo. Miré al mar por los nervios.

Me acordé de Benedetti: “el mar escucha como un sordo”. Beatriz me habla, -“como estás”

- “bien, y vos”

- “bien, con Jorge” (Benedetti de vuelta: “ es insensible como un dios”)

- “¿Jorge?, ah, el muchacho del Messenger, mandale un saludo” (“y sobrevive a los sobrevivientes”, no?, Mario?)

- "bueno, me voy".

- "Bueno, chau".

Ahora estoy con un lápiz. Es verano y estoy solo, con un libro. En la playa todas las mujeres son iguales. Por eso busco una musa que me inspire y no sienta que el día está perdido. Sufro por mi piel, que no sirve para publicidad de bronceador. Así que me paso el de factor más alto. Ayer me crucé con Beatriz y hoy, reflexiono bajo el sol. Me froto las manos mientras me voy en pensamientos. Vuelvo de golpe a la playa. Y comienzo a escribir.

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