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Los inventarios son los bienes que un ente dispone para su producción. Un oxímoron es una figura literaria donde dos conceptos contradictorios crean una idea distinta. "mis libros están llenos de vacíos" Augusto Monterroso "lo fugitivo permanece y dura" Francisco de Quevedo "es hielo abrasador, es fuego helado, es herida que duele y no se siente..." Francisco de Quevedo "El fusilado que vive" Operación Masacre, Rodolfo Walsh Pongamos a trabajar contradicciones

viernes, 29 de febrero de 2008

Reporte de daños / febrero 2008

Laboralmente, estoy bien.
Pero, desde hace unas dos semanas estoy prestando mis orejas, en vez de compartir mi corazón.
Para la Real Academia, prestar tiene ocho acepciones. La primera es la más obvia: prestar es entregar algo a alguien para que lo utilice un tiempo y después lo restituya o devuelva. La segunda, indica que prestar es ayudar, asistir o contribuir al logro de algo. La tercera acepción dice que prestar es dar o comunicar. La cuarta es de sentido inverso, similar pero con una postura activa: prestar es tener u observar.
La quinta, nos muestra que prestar es aprovechar, ser útil o conveniente para la consecución de un intento. La sexta me gusta, prestar es dar de sí, extendiéndose. La séptima también: prestar es ofrecerse, allanarse, avenirse a algo. Finalmente, la Real Academia dice que prestar es dar motivo u ocasión para algo.
En estas dos últimas semanas, entregué buena parte de mi atención, mi concentración. La dirigí hacia otra persona y me prometí que sería por un tiempo. Que además, no voy a obligar a la otra persona a que me lo restituya, porque tiene una tarea pesada. Me propuse contribuir a un diálogo entre nosotros y con ella misma de la manera más honesta y sana, asistiendo cuando le haga falta y ayudando desde mi lugar, que siempre será el más humilde. Por supuesto, en clave de dar y comunicar. Prestando atención, paciencia y silencio, con el objetivo puesto en serle útil en su intento, pero no en el mío. Con mucho de la sexta acepción de la palabra prestar. Ofreciéndome, aún si es sinónimo de sacrificarse.
Para esta institución, vieja como la esperanza, compartir tiene apenas dos acepciones. La primera es más que nada utilitaria, práctica u objetiva. Compartir es repartir, dividir o distribuir algo en partes. La segunda es la más ajustada a mis intereses. Dice que compartir es participar en algo. Recoger una sección de algo, o entregar una “parte” de algo. Tener las mismas opiniones o tener una sociedad con otra persona.
Es lógico que si estoy dispuesto a compartir mi corazón, lo digo como metáfora sobre participar de la vida de otra persona. De sus sentimientos y de cómo los desarrolla en sus cosas cotidianas. De su fortaleza, sí, porque la tiene y en gran medida. De sus objetivos, que son consumación de su ética. De sus angustias, que son precipitación de su moral. Si, quiero eso para mi vida y ella tiene todo eso. Ojalá los comparta conmigo.
Mientras, para no bucear sobre estos menesteres con obsesión, veo otros momentos de mi vida, que me importan muchísimo menos que las cosas que nos pasan cuando nos juntamos. Y al final me digo que: “laboralmente, estoy bien”.

viernes, 8 de febrero de 2008

Los Abrazos

En mi primer post del 2008 quería hablar sobre ciertas cosas que me ocurrieron el año pasado. Un poco con la intención de exorcizarlos, darles "tercera persona" a elementos con los que tuve que convivir de forma silenciosa. Esta vez, me quería referir a los abrazos.

Sobre el segundo semestre del 2007, insistí con la idea de los abrazos. Naturalmente, creo que es un gesto que pretende unir dos cuerpos. ¿Fundir? No sé, en principio me suena demasiado cursi. Sin embargo, entiendo que abrazarse implica tener ganas de suspenderse en el otro.

Cuando hablo de suspensión, hablo del tiempo, del espacio. También de la suspensión del deseo, o mejor dicho, de su desaparición. Porque todos los deseos, una vez suspendidos en un abrazo, parecen colmados. No existe el tiempo, no hay principio ni fin. En definitiva, no hay muerte.

Ni qué hablar cuando uno siente algo más primitivo que el deseo. Cuando una pulsión gobierna nuestros actos, nos ciega y nos parece tan natural colmarnos a través de un abrazo con alguien que queremos. Nos asimos a nuestro objeto amado. queremos compartir el mismo espacio. Exactamente el mismo.

Pero en el medio de la plenitud del goce, aparece lo sexual. Su tarea es encender otra vez el deseo. Dentro de los deseos colmados se encuentra la satisfacción sexual, pero éste no se resigna y quiere algo más. Así, vuelve a poner en el centro de la discusión sobre el abrazo, la consumación más física del amor.

Entonces, el abrazo es primero romper con el tiempo y después, encontrar un espacio que me contenga y a su vez, contener lo que quiero dentro de mí.

En el último semestre del 2007 me ví enfrentado a la impotencia. El abrazo rompe las distancias y a mí me faltaba abrazos y me sobraba distancia. Nunca pude saciar la pulsión que me gritaba que allá, lejos, estaba eso que el abrazo me daría.

No rompí con el tiempo que, una vez que mi cabeza me dice que tengo que abrazar a una persona, crée que nada de lo que haga que no tenga que ver con intentar abrazarla es perder el tiempo en pavadas. Y el espacio es imposible de juntar. Creéme que es así.

Mientras, voy derechito hacia lo único que sabemos que existe. Me muero y todavía no me abrazó.
Todo una mierda.

¿Pero sabés una cosa?, de alguna manera la impotencia me hace sentir que estoy vivo. Mi descarga de energías me devuelve ganas por hacer más cosas, mejorar. Al final, el pibe hiper racional tiene emociones.

Yo no sé qué podrá pasar. Si termina acá, fue lindo. Si continúa con cosas sólidas, mierda que el mundo me va a parar!!!!

Un Semi Cuento

Son las dos de la mañana. La cabeza me da vueltas, entre otras cosas, por un parlante de 15 pulgadas, un bombo que me pisó los oídos durante una hora y un par de problemas para solucionar. Antes de pedir que llegue el próximo día a los gritos, decido acostarme. Mi costumbre me dice que es temprano pero mi cuerpo, no.
Pongo la cabeza en la almohada y pienso. Cosas vagas, nada muy en serio. Un par de alegrías, otro par de broncas. Cierro los ojos un segundo y me besaste. Yo, desprevenido.
Levanto la cabeza de golpe. Son las 7 de la mañana. El beso me gustó, pero no estabas. Nunca estuviste. Cierro la ventana y corro la cortina traidora, que me acaricia la boca, con mucha bronca. Ahora tengo que resolver otro problema.