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Los inventarios son los bienes que un ente dispone para su producción. Un oxímoron es una figura literaria donde dos conceptos contradictorios crean una idea distinta. "mis libros están llenos de vacíos" Augusto Monterroso "lo fugitivo permanece y dura" Francisco de Quevedo "es hielo abrasador, es fuego helado, es herida que duele y no se siente..." Francisco de Quevedo "El fusilado que vive" Operación Masacre, Rodolfo Walsh Pongamos a trabajar contradicciones

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Escribir x escribir. La Portinari.



Muy bien, acá estoy. Me prometí escribir sin planes ni intenciones previas. Simplemente realizar un ejercicio de escritura, más íntimo. Dejar que vengan los motivos y plasmarlos sin tamizar las intenciones posteriores. Es difícil para mí, puesto que nunca toqué una tecla sin conocer a ciencia cierta hacia donde pretendía ir. Estaba acostumbrado a pensarlo todo antes de comenzar un texto. Por supuesto, yo espero que al final de las páginas, quien se acerque a estas líneas retenga algo de lo que quiero decir, así que esto no será un collage de cosas sueltas. Solamente escribir, si, pero con algo conciso para que se entienda por qué me dieron ganas de escribir a la una de la mañana. Si yo no lo entiendo, ustedes tampoco. Ése será el desafío.

Usualmente no me gustan los párrafos largos. Me gusta ver cómo está construido un texto desde muchos puntos de vista. Entre ellos, la primera impresión que dibuja un texto a los ojos. Así me entero dónde están los momentos más densos de un escrito. Ahí donde se ubican las líneas que necesitan más explicación, más detenimiento, más profundidad con respecto al objeto del relato. Espero conservar ese gusto a la hora de mirar estas líneas.

Es que para mí, un párrafo largo, ostensiblemente largo, denota falta de concreción. Pero esta no es una historia, no es un discurso, ni tampoco es una fuente de información sobre mí. Por lo menos no será un momento en el cual yo propongo poner la luz sobre algunos aspectos de mi persona que sean secretos u oscuros ante los demás. No pretendo descubrir nada sobre mí. No hay demasiado. Seguramente aparezca alguna data, como todo ejercicio donde pensar y escribir son cosas tan cercanas. Pero el hecho de transcribir las imágenes y sensaciones que pasan por mi cabeza no implica hacer una confesión de parte. Lo que aparezca aquí, será algo que ya conocen. Por lo menos los más íntimos.

Antes de comenzar estas líneas, me prometí subir al blog lo que aquí se plasme. Yo sé que armar un blog a estas alturas se parece mucho a un ejercicio onanista. Lo tengo claro. En especial, porque no obtengo devoluciones sobre las lecturas que subo. Está bien, de esa manera puedo escribir sin preocuparme de retener lectores. Eso sería una presión adicional, porque siempre estaría detrás de las observaciones que realizaran los lectores. Sé que los lectores visitan el blog un par de veces, pero no creo que sea algo que se sostenga en el tiempo. No tengo lectores asiduos. O por lo menos, como no conozco esa información, no me preocupo por mantener algo que no sé.

Pasando a un plano más personal, puedo decir que este año entendí que mi escritura me permite un momento privilegiado conmigo mismo. Y sé, por las pocas devoluciones que exijo, al presentar mis labores a los ojos de otras personas, que hay algunas fibras dispuestas a moverse luego de una lectura veloz de mis textos. Eso me da mucha confianza, mucha fuerza a la hora de seguir con mis escritos. Me gusta mucho observar las caras de las personas al momento de entregar mis trabajos a los demás. Lo hago sin que me importe su grado de especialización con respecto a los libros y las lecturas. Un escritor tiene como misión emocionar. Pero yo voy un paso más allá con mis intenciones primarias. Yo pretendo cierto grado de control. Yo sé en que lugar de la lectura van cuando se ríen.

De cualquier manera, eso siempre me asombra. Me gusta mucho cuando me dicen que la escritura está bien redactada. No es suficiente, eso ya lo sé. Pero para un tipo que recién arranca, eso otorga cierto grado de satisfacción. En especial para mí, que busco un momento en el cual entiendo que estoy dirigiendo su atención hacia las intenciones del texto. Lo veo cada vez que leen un relato mío concluido. Es algo que aprecio del lector, ya que puso su interés por dejarse llevar en la corriente del relato. Es un momento único, cuando la vida cotidiana se suspende y permanece a un lado, porque ellos deciden usar unos minutos para atender lo que el texto les solicita. Atención, calma, interés. Un dejarse llevar.

Las explicaciones sobran al momento de entregarme la hoja que contiene mi relato. Lo primero que hacen es mirarme. Después, una bocanada pequeña de aire y un intento de explicación sobre qué parte está buena y cuál no les convenció. Igual es fácil saberlo. Cuando no dicen de entrada “me gustó”, es porque no les gustó. Lo que viene después es igual de provechoso. Fallé al tocar la fibra de una persona y la indiferencia es la peor devolución para un artista. Que no les guste, pero que sea porque mi texto no es afín a sus creencias o ideologías. Pero no porque está mal escrito o porque es insípido. Eso no.

Igual, siento que eso está desapareciendo con cada obra culminada. O por lo menos, que se atenúa. Y me parece que va de la mano con descubrimientos personales. Reflexiones sobre mi carácter y mi personalidad que iluminan los hilos de las emociones. Es que al final los seres humanos no somos tan distintos. Y yo no soy más especial que otras personas.

Cuando hablo de descubrimientos personales, es porque quiero expresar que en el transcurso del año ciertos eventos me dejaron al descubierto. Los íntimos sabrán que la vida me presentó otra vez a mi Portinari. Es mi Portinari para mi alma, para cosas como esta, la escritura. Dicen que uno escribe para decirse, pero también para que lo quieran a uno. No estoy seguro pero creo que este es otro caso que confirma la sentencia. Sin embargo y tal como le sucedió a nuestro amigo toscano, la Portinari sólo sirvió como musa, no como motivo vital. Escribir sirvió en un principio para lavar la resignación. Y para no perderla del todo. Así, vive siempre.

La Portinari es linda. Tiene unos ojos grandes, que la dejan más niña. Esa impresión se va al escuchar su voz, que con el paso del tiempo se tornó más grave, más llena. Más firme también. Usa oraciones cortas, como pequeños golpes de daga que apuntan a los lugares más adecuados para herir. Uno la escucha y sus palabras suenan como piñas al oído. Pero una vez que termina una frase jocosa, aparece su sonrisa para llenar sus cachetes con dientes blancos y grandotes. O su risa entrecortada. Es como un “jijiji”. Se echa para adelante y se tapa la boca, mientras columpia las patitas que no llegan al suelo. Ahí tengo ganas de abrazarla.

Tiene el pelo castaño. En forma natural es castaño, porque la última vez que la vi se tiñó el pelo de negro. No me gustó. Las tintas dejan el pelo más grueso, más opaco. Me acuerdo que su explicación fue porque quería hacer un cambio de su imagen. Y lo hizo, porque reflejaba su estado de ánimo, más denso y opaco. Su pelo en forma natural es crespo, pero con bucles bien definidos. Ella se alisa el pelo por causa de su trabajo, parece que el pelo crespo está mal visto. Sacrificar esas cosas en pos de un empleo me parece un crimen de sus empleadores.

Está más menuda que cuando la recuerdo, allá por el 2003. Los hombros dejan ver los huesos de la clavícula, que sólo le faltan aderezos para promover una carnicería entre dos. No se puede decir que los dedos de sus manos sean delicados, pero me tengo que comer la decepción de que sólo puedo recorrerlos con los ojos. Me gustaba cuando usaba sus manos para gesticular como un murguista. Ella creía que no me gustaban esos momentos. Todo lo contrario, la voz se me anudaba hasta que terminaba de cantar una de Agarrate Catalina. También se me anudaba cuando miraba sus tetas. Dios, hasta creo que la boca me temblaba.

Pero, tal como el toscano, la Portinari no visita su infierno. Es el paraíso de otro y yo me tengo que quedar con Virgilio, que lo único que sabe hacer es hacerse pagar copetines por los ricos a los cuales complace e invadir mitologías de otros para que sus patrones justifiquen sus desmanes.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

gracias por nada. y por todo...Beatrice.

Anónimo dijo...

gracias por todo ... y por nada