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Los inventarios son los bienes que un ente dispone para su producción. Un oxímoron es una figura literaria donde dos conceptos contradictorios crean una idea distinta. "mis libros están llenos de vacíos" Augusto Monterroso "lo fugitivo permanece y dura" Francisco de Quevedo "es hielo abrasador, es fuego helado, es herida que duele y no se siente..." Francisco de Quevedo "El fusilado que vive" Operación Masacre, Rodolfo Walsh Pongamos a trabajar contradicciones

lunes, 15 de diciembre de 2008

Tati


Este es el último trabajo para la ECU. Aquí cuelgo el relato previo a la construcción del guión final. Lo próximo será este mismo relato, pero construido como la herramienta que utilizan director, actores y demás.

Tati

Él, está durmiendo. ¡Zas! Cae un bulto al piso y se desparraman los vidrios rotos de la ventana. Se despierta súbitamente, se queda perplejo, observa la ventana, el piso, el bulto y se abalanza en su auxilio. Saca el pelo de la cara y contempla a un ángel. La toma de las muñecas y la arrima rápidamente hasta el baño, donde le presta sumo cuidado a sus heridas. El ángel permanece inconsciente.

Después la toma entre sus brazos y la deposita en el sofá. Se presenta preocupado y muy confundido, caminando sobre su living. Saca libros de enfermería y se pone a leerlos sentado frente al ángel, en un pequeño taburete. También lee libros sobre ángeles. Le toma el pulso, le posa una manta y se tranquiliza.

En eso, el ángel trina. Suena el teléfono y salta el contestador: “Nene, soy mamá. Hoy paso por tu casa a dejarte la comida para mañana. Chau”. ¡No!, grita el huésped del ángel, ansioso. Toma el teléfono y disca. Una y otra vez le da ocupado, o no contesta. Así que nuevamente toma al ángel entre sus brazos y la coloca sobre su cama. Cierra la puerta y empieza a ordenar su casa. Entre la basura que recoge con su escoba, encuentra plumas blancas, por lo que sale raudo a tirar la bolsa de residuos.

Se encuentra con una mujer que le habla: Javier, tenemos que hablar. Mirá, estoy dispuesta a darte otra oportunidad, porque esto no puede terminar así. Yo sé que me comporté como una histérica, pero estoy cansada de tu ansiedad y tu falta de compañerismo con todas mis cosas. Entendeme, estoy nerviosa con todo lo de mi trabajo, no es fácil arrancar en una oficina nueva. Estoy bajo la lupa todo el día. Pero quiero arreglar todo contigo, quiero hablar. Necesito que hablemos, todo esto es una espina para mí y estar peleada con vos no me ayuda para nada. Pero Javier le contesta:
- Mañana, ¿ta?, y se dirige a su casa.

- Pero mañana no, Javier, hoy. Siempre lo mismo contigo, primero estás vos y después vos. ¿No querés arreglar las cosas? Yo estoy dispuesta, ¿o qué te pasa? ¿Estás saliendo con otra? No me pagues con la misma moneda.

- Mañana, ¿ta?

- Pero me siento muy mal con todo esto. Es muy difícil para mí estar acá, hablando a los gritos en plena calle. Parezco una loca. ¡Quiero hablar contigo ahora!

- Mañana, ¿ta? Y cierra la puerta de la calle. Las personas que esperan ser atendidas en la verdulería que está al lado, la miran atentamente.

Javier se dirige a su dormitorio e inspecciona las heridas del ángel. Con su pulgar toca una cortada sobre la comisura de su boca y el ángel hace un gesto de molestia, mientras trina una vez. Por la herida en la boca, Javier va hasta el baño y moja la punta de una toalla blanca. Se arrodilla frente al ángel y antes de poner la toalla mojada en su cara, suena el timbre de la puerta.

Abre y la madre entra comentándole sobre las compras que realizó para hacerle la comida. Entre comparaciones de precios y calidad, se dirige a la cocina. La madre es ciega, pero se mueve dentro de la casa con soltura. Tiene el bastón blanco en su mano, pero no lo usa.

Mamá, estoy con gente, dice Javier. La madre promete sigilo, le recomienda hacer sus cosas mientras ella prepara un mate para él y su acompañante. Ella busca lo necesario con la mano, encuentra la caldera, la llena con agua, abre la llave del gas en la cocina y pulsa reiteradamente el chispero. Luego, coloca la caldera en el fuego.

Voy a hacer las compras, comenta Javier; mantené tu discreción, mamá. Una vez que Javier cierra la puerta, su madre cierra la canilla, se seca las manos y se dirige al dormitorio. Cerca del umbral de la puerta del dormitorio, la madre de Javier muestra signos de fatiga, hasta arrodillarse a los pies de la cama. Se sienta, muy cansada. Por error toca la pierna del ángel y su cara expresa asombro. Intenta tocar su cara. Repasa sus facciones y al llegar a la comisura herida de la boca, el ángel trina fuerte. Despierta y se acurruca sobre un rincón, asustada. A su vez, la madre de Javier grita y sufre un ataque cardíaco fulminante y letal. El ángel sale de su rincón, se aproxima a la madre y apenas la empuja. La empuja nuevamente y al no recibir respuesta, se aproxima lentamente, coloca la cabeza sobre su falda y le acaricia las mejillas. Ella trina suavemente, le da un beso en la frente y repite el nombre de la madre de Javier: María.

María, la madre de Javier, despierta y sonríe. Fue un viaje hermoso, concluye.
Javier saluda al verdulero, que está en el puesto pegado a su casa. Entra al local, donde también se pueden encontrar productos comestibles y souvenirs. Es un pequeño almacén con productos típicos de un quiosco. Al pagar, pide a la cajera que agregue un angelito, que está dentro del mostrador de vidrio, al total de las compras. Sube a su hogar y no encuentra a nadie. Ni su madre ni el ángel, que dejó sus plumas en su cama.

Al caer la noche, prende un cigarro en el balcón de su casa. Visiblemente triste, lo arroja a la calle al terminarlo y entra a la casa. Escucha aleteos de palomas y vuelve raudo al balcón, para volver vencido. Toma el ángel que compró en el almacén y se dirige a su cuarto.

Ya dormido, la luz del dormitorio se enciende. Encuentra con la vista al ángel, parada al lado de la llave de luz, riéndose de forma adolescente. Javier no dice nada. El ángel señala con el índice una gasa ubicada en el dorso de su otra mano, luego lo señala a él. Javier sonríe. Unos segundos de risa y Javier dice su nombre, de forma ostensible, como si él fuera Tarzán y el ángel Jane. El ángel se ríe y afirma con la cabeza. Estira el cuello de su uniforme angelical y muestra su hombro, donde se puede leer un tatuaje que dice “Tati”.

Después, vemos a través de la ventana que la luz se apaga.

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